El debate sobre la mesa

Carlos González

13 de junio, 2018



Anotaciones inmediatas sobre el tercer y último debate presidencial:

 

 

  1. Otra vez quedó demostrado: en política, la forma es fondo. Sentar en una mesa a los candidatos con la y los moderadores, permitió una mayor interacción entre personas (no sólo candidatos) y una mejor deliberación con y de propuestas.
  2. Más que un debate, fue una espléndida entrevista colectiva. Los moderadores fueron más entrevistadores que moderadores. Su papel fue sobresaliente. Leonardo Curzio se llevó la noche con su muy elegante confrontación con el Bronco y su bronca (salvaje) idea de “mocha-manos”.
  3. El formato fue otro éxito del INE. Más dinamismo. Importante, aunque soterrada participación ciudadana. El problema es que impidió una confrontación entre los candidatos (ojo: sólo hombres), con excepción de algunos segundos trabados entre Andrés Manuel y Ricardo Anaya, y de alguno de ellos con Meade.
  4. El Bronco, espectacular… literal. Su anuncio del FBI (Facebook Bronco Investigation), la mejor ocurrencia. Como no tiene nada que perder, le puede hacer ganar a su métrica porcentual.
  5. Meade, perdido en la resignación de su derrota. Confundiendo el tricolor del PRI con el de la Selección Mexicana y la Bandera Nacional. Sus asesores tuvieron una buena idea para aprovechar el Mundial de Futbol. Él no la entendió y la transmitió peor. Es lo malo de ser un excelente tecnócrata.
  6. Anaya, enojado y asustado. Es el único que realmente puede ir pronto a la cárcel, y lo sabe. ¿por qué no le ponen un poco de crema de cacao en los labios? ¿quién lo muerde, golpea o deshidrata?
  7. Andrés Manuel, seguro de que este arroz ya se coció. Y todo parece indicarlo. Lo que no sabemos es si es paella, moros con cristianos o con pulpo en su tinta. En todo caso, ese arroz ya se coció.

Las opiniones son responsabilidad de quien suscribe.

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